miércoles, 19 de octubre de 2016

Capitulo 3 :La Condesa Sangrienta.

Capítulo 3: La Condesa Sangrienta.

Marcus Bathory corrió para no quedarse rezagado.
Por supuesto que aunque provinieras de una de las familias nobles más ricas de Europa, tenías que siempre estar corriendo tras tus hermanos mayores, que siempre trataban de llegar más rápido que el hasta la feria.
Marcus tenía muchas hermanas mayores y un solo hermano, en realidad, su mellizo, Paul.
Ellos eran los menores, luego estaban Ana, Catalina, Úrsula, la última casi una adolescente.
-          ¿Madre nos permitirá ver a ver juguetes?- pregunto el niño de seis años a su hermana mayor, Ana.
-          Quizás, Marcus. Tú quédate quieto y no le hagas preguntas sobre ese tema. Eso va para ustedes también, Paul y Úrsula. Aunque, por lo que a mí y a Catalina nos respecta, quisiéramos tener vestidos nuevos…- reflexiono la joven de quince años, en voz baja, solo para que su madre no los oyera. Luego  le dio la mano a su hermano, ya que llegaban a la feria y no quería que se perdiera en la multitud.

Catalina hizo lo mismo con Úrsula y Paul.

Marcus observo a sus hermanos, todos idénticos a su recién fallecido padre, con los cabellos y los ojos oscuros.
El, por el contrario, era idéntico a su bella madre, la Condesa Elizabeth.
Pelo cobrizo, que hasta los tres añitos fue rubio como el de su madre y ojos caramelo.
Lo que si heredaron todos de su  madre era la belleza.
Los hermanos Bathory creían que su madre era la mujer más bella de toda Hungría.
Si, a pesar de que con ellos nunca fue cariñosa, afectiva, se preocupada por ellos, según les explico Ana, una noche que los menores le preguntaron
“¿Dónde esta madre?”
Ana les respondió que su madre estaba ocupada en “otros asuntos”, cuando en verdad, estaba con sus amantes.
 Les decía que estaba tenía fiebre o inventaba cualquier historia que no llegara a más preguntas.
Ana sabía que su madre los amaba a los cinco. Ordeno que les impartieran la misma educación que a ella misma, les compraba regalos y les daba monedas para ocasiones especiales (por ejemplo, el día de hoy).
Eso era el amor de madre… al menos, eso pensaban ellos cinco.
Un amor severo, ausente y callado, pero amor al fin y al cabo.
-          Ana, trae a tu hermano  aquí. Y tú también, Catalina. Deseo hacer mis compras deprisa y volver pronto al castillo. No quiero mezclarme con esta gentuza más de lo suficiente- ordeno severamente Elizabeth, con un tono que  no quería quejas.
-          Si, madre. Vamos ,  Marcus , camina un poco más rápido-
-          Ana, tengo hambre…- se quejó el.
-          Ya oíste a madre , volveremos pronto al castillo y …
-          ¿Qué están haciendo? ¿Acaso no les ordene que caminaran más deprisa?- regaño la Condesa.
-          Ahora vamos, madre – aviso Ana y le mando una mirada de reproche a su hermano menor.
-          Lo siento- se disculpó  Marcus a su hermana mayor.
-          No pasa nada. Pero que no se repita ¿eh?
-          Si, Ana.


La feria del pueblo estaba (como Ana lo predijo) atestada de gente.
Catalina, de trece años, apuro a Úrsula  de nueve y a Paul, para no quedar rezagados.
Su madre se adelantó, cansada de las “tonterías infantiles” de sus cinco hijos.
Marcus y Paul se dieron esa mirada. Entendieron que si querían juguetes para el término del día, deberían quedarse callados.
Aparte, era un poco aburrido ser los dos únicos varones en una familia que habían mayoría de mujeres. Si, Catalina y Úrsula jugaban con ellos, más Úrsula que la primera, pero Ana estaba en edad de casarse y decía que no tenía tiempo para ellos.
Sí, no eran los hermanos más perfectos del mundo, a veces se peleaban y otras, terminaban en paseos a caballos juntos, felices de estar juntos.
Y es que estar juntos era lo que importa, pensaba  Marcus, mientras su madre se detenía a ver vestidos en un puesto.

Las cuatro mujeres se pusieron a ver vestidos tras vestidos y los niños Bathory se aburrían.
-          ¿Paul, contamos o unos cuentos, como los que nos cuenta Gertrudis a la noche?- propuso  Marcus, cansado de tanto aburrimiento.
-          ¡Si! Había una vez… una…una, ¡un castillo con hadas y duendes!
-          ¡Y ese castillo tenia sirenas y… y dragones!- sugirió su mellizo.

Se entretuvieron dos largas horas con sus cuentos infantiles creados por ellos mismos.
-           Marcus, Paul – hablo Úrsula,  mientras el criado de su madre envolvía  más de diez vestidos en unos atados.
-          Madre dice que ya nos vamos-
-          ¿Es cierto, madre?- inquirió  Marcus a la Condesa.
-          Si,  Marcus. Ya hemos terminado lo que venimos a hacer aquí. Aparte, en el castillo tú y Paul tienen miles de juguetes.

Los pequeños reflexionaron. Si, su madre tenía razón. Como siempre.

Sonriendo, a pesar de su pequeña desilusión, caminaron junto con el sirviente, la Condesa y sus tres hermanas rumbo al  carruaje que los conduciría de vuelta al castillo Čachtice.
Cerca del final de la feria, una anciana con el rostro surcado de arrugas, pedía limosna
-          Unas monedas,  por favor- repetía a los que pasaban.
He hizo lo mismo cuando la familia Bathory paso cerca de ella.
-          Por favor, una…
-          ¡Parece más una pasa que una mujer!- se burló cruelmente Elizabeth.

La vieja la observo con odio contenido y respondió.
-          Es la ley de la vida, Condesa. En unos años , cuando sus hijos gocen de la juventud , usted se estará igual que yo-

La cara de Elizabeth cambio de una expresión de burla a otro matiz complemente diferente.
Un matiz en su bello rostro, surcado por algunas arrugas, un semblante de desesperación.
Se miró las manos y luego a sus hijos.
-          Volvamos a casa. Rápido, no acepto quejas- sentencio, aparentemente calmada, pero con voz temblorosa.
-          ¿Madre te encuentras bien?- inquirió Catalina, preocupada.
-          ¡He dicho que nos vamos!- grito su madre.

Las adolescentes y los niños asintieron, temerosos de la furia de la Condesa Bathory.

El castillo Čachtice, ubicado se encentraba en lo alto de un cerro en la aldea de del mismo nombre.
Era un castillo románico, con una interesante torre con forma de herradura.

La Condesa se miró en el espejo de su cuarto durante la hora del almuerzo, al que ni siquiera compartió con sus hijos.
¿Que podía hacer para que el tiempo no se llevara su belleza? ¿Qué?

Los hermanos Bathory comían en el inmenso comedor del castillo.
Ana y Catalina, asustadas porque su madre les impartiera a los cinco un castigo, comieron sin hablar.
Los  más pequeños, por el contrario, jugaban con su comida, mientras disfrutan que su severa madre no estuviera presente para regañarlos.
Cada habitación del castillo era inmensa, decorada con sumo lujo y con los escudos de las familias Bathory y  a unos  costados

Marcus estaba por pedir doble ración de postre a un criado, cuando la figura de su respetada madre se hizo presente en la habitación.
Llevaba puesto un vestido de montar y ni siquiera hablo con sus hijos, solo se dirigió al sirviente y le ordeno que ensillara su caballo.
Por costumbre, ninguno de los cinco hizo preguntas sobre adonde se iba Elizabeht.Solo sabían que llegaría tarde, o quizás, a la mañana siguiente.


Como lo predijeron, la Condesa volvió al alba del nuevo día.
Sus hijos fueron a recibirla y observaron en ella un cambio.
Su piel, pálida cual mármol.
Ella les mando una mirada que no acepta preguntas y explico que
-          Es  un “nuevo maquillaje importado de Austria. He tenido que viajar toda la noche para evitar que otras me lo quitaran en una feria. Siempre lo usare, ustedes saben que cuido mi belleza y este maquillaje hace maravillas.
-          Si, madre – respondieron los cinco, al unísono.
-          Hemos de ir a desayunar, no saben el hambre que tengo – ordeno su madre.
-          ¿Madre?- pregunto  Marcus, para llamar su atención, mientras caminaban hacia el interior del castillo.
-          ¿Qué?- respondió austeramente ella.
-          Te extrañe. Todos lo hicimos-

El día paso igual que todos los días, normal, como siempre.

Los niños estudiaron con sus tutores, luego jugaron y después de vuelta a estudiar.
Así como paso la mañana, llego la noche.
Marcus y Paul en sus habitaciones, jugaban con espadas de maderas, hasta que tuvieron sueño y se metieron en sus camas
El niño estaba en un lugar muy lindo. Lleno de juguetes, caballos y cercano a un verde prado.

Una figura se veía a lo lejos. Riéndose de una forma algo siniestra.
Visualizando mejor, se aseguró que era la figura de su amada madre, Elizabeth.
Quiso llevarle un regalo, y cortó unas flores blancas que crecían en el pasto.
Corrió hacia ella, feliz.
Su madre estaba de espaldas, sujetando algo, pero se dio vuelta cuando su hijo menor le tiro del vestido, deseoso de regalarle las flores.
-¡Madre, madre, mira que lindas el…!-
Fue en ese momento que la Condesa se dio vuelta.
No sujetaba algo. Sujetaba a alguien. Una niña de doce años desagrada, con el cuello, los brazos y el pecho destrozados por mordeduras.
Elizabeth le sonrio a su hijo , mostrando sus afiliados colmillos manchados de sangre , al igual que su hermoso rostro.
Ante la mirada de horror de  Marcus , su  madre solto el cuerpo de la niña , que agonizaba en silencio , tratando de pedirle ayuda a el.
No supo que hacer.Ni siquiera cuando su madre tomo de sus manos las flores , las olio.
Acaracio los petalos y el pequeño ya no sabia a quien mirar , si a su madre , convertida en un demonio o a la niña , que clamaba en el pasto pidiendo su ayuda.
-          Son muy bonitas ,  Marcus – le dio las gracias su madre , mientras le acariaba ahora la mejilas de su hijo , manchándolas de sangre en el proceso.
Las flores antes blancas , ahora , teñidas de rojo , cayeron al verde pasto , cubriendo todo de sangre.
Marcus despertó.No atino siquiera a gritar del horror , aunque quería , no podía , tal era su terror.
“Debo ir con madre y contarle de mi pesadilla.Ella me calmara”penso , aun temblando , saliendo de la cama.
En realidad , nunca habia ido al dormitorio de su madre a la noche , nunca Elizabeht les daba las buenas noches y les ordeno jamas interrumpir su sueño.
“Pero estoy asustado.Madre debe entender” se dijo el niño.
Los pasillos estaban iluminados por antorchas y  Marcus pudo encontrar fácilmente los aposentos de la Condesa.
Contrario a lo que el pensaba , su madre estaba despierta , o al menos eso parecía por la tenue luz de las velas que provenia de su cuarto.
Con la puerta entreabierta , el niño observo por la rendija de esta.
Tampoco quería averiguar de inediato si la Condesa se encontraba dormida y que el tuviera que arriesgarse a despertala.
Todos en el castillo conocían su mal carácter y , por ello , nadie osaba hacerla enfadar.
Observo y asi pudo vislumbrar , a la luz de las velas , a su madre ,  con el maquillaje que se compro en esa feria todavía presente en su rostro.
Evike , una criada , le cepillaba el pelo.
Pero debio tirarle los cabellos muy fuerte , debido a que Elizabeht le propino una fuerte cachetada en la nariz , que la hizo sangrar
No era un comportamiento extraño en su madre , en realidad , era muy común.
Lo que si no fue común fue lo siguiente.
Su madre , con los dedos manchados de sangre , se los relamio gustosa.
Ante los ojos de horror de ambos , Evike y Marcus , sus colmillos crecieron, sus ojos se volvieron rojos.
Evike solto el cepillo y retrocedio unos pasos , mientras  Marcus fue incapaz de gritar , incapaz de moverse , incluso cuando su madre clavo sus colmillos en el cuello de la criada y esta comenzo a gritar , lo único que pudo hacer fue caminar despacio de regreso a su propia habitacion.
No supo en ese momento que esa decisión le salvo la vida.
Se acostó en su cama , tratando de convercerse que recién entonces se despertó de su pesadilla.
No supo aun que no solo sus peores pesadillas , sino las de todo  Čachtice recién comenzaba.

Se despertó a la hora de siempre , junto con Paul.
No quiso comentarle nada de su pesadilla , sino que trato de ser el niño feliz e hiperactivo que era todos los días.
Ya en el desayuno , su madre ubicándose a la cabeza de la mesa , y ellos , los varones a la derecha y las niñas a la izquierda , comenzaron a desayunar.
“Que tontería”penso Marcus  mientras comia huevos revueltos.
“Madre no haría eso jamas.Ella es buena”
Por supuesto que podría completar esa oración  la pregunta “¿O no?”, pero simplemente , el pequeño amaba tanto a su madre que jamas podría verla como ese demonio de sus pesadillas.
Todo andaba bien , normal como todos los días.
El y Paul dándole comida al perro debajo de la mesa , junto con Ursula ; Catalina y Ana platicando de sus vestidos nuevos.
Hasta que un criado , Rupert , se acerco a llevarle mas comida a su ama.
-          Condesa , le he de notificar una triste noticia. Evike , su criada personal a sido asecinada.
-          ¡Oh , por Dios , Rupert , es una noticia terrible!- se lamento Elizabeht.

Dejo a sus hijos , explicándoles que iba a arreglar un entetierro en la parroquia de la Iglesia para la “ pobre muchacha muerta”.
Ana pidio a todos sus hermanos que guardaran  un minuto de silencio por Evike y asi lo hicieron.

No no no


-          Hola – dijo Marcus.

“Hola” dijo Marcus. No no no
Mientras  Marcus se preguntaba el por qué de la reciente amabilidad de su madre con la servidumbre.


Lunes , 4 de Junio de 1604
Querido diario : Ruego a Dios que esto solo sea unas anotaciones de las pesadillas de un  niño de seis , pero ahora no estoy tan seguro.
Quizas esto es culpa de la muerte de padre ,ocurrida  a principios del año , o que madre echara a la abuela , a mis tias y a mis primos del castillo , luego de fallecer padre.
Tuve una pesadilla en donde mi madre , la Condesa Elizabeht Bathory , era un demonio de ojos rojos y mataba gente , bebiendo su sangre.
Sé que es solo una tontería , pero no me atrevo a hablar de estas pesadillas con ninguno de mis hermanos.
Tampoco con mi madre.Se molestaría mucho ( y , querido diario , tu debes saber como es cuando esta molesta).
La primera vez fue un sueño en un paramo.Yo le llevaba flores a mi madre y ella sostenia a una niña que estaba agonizando.
Me acariciaba el rostro , me sonreía ( y eso es muy raro , ya que ella jamas es cariñosa ni conmigo ni con mis hermanos , pero que se le va a hacer)  y yo veía su rostro con sangre , sus ojos brillando de rojo.
El sueño continuo luego.Yo soñé que despertaba e iba a la habitacion de mi madre.Entonces , sin       que ella lo notara ,  vi como mataba a Evike , mordiéndola en el cuello y bebiendo su sangre.
Luego me fui , camine por los pasillos.Y ahí si que desperté de verdad.
Nunca sentía tanto miedo en mi vida.
A la mañana siguiente , Evike fue asecinada.Mi madre arreglo su funeral , cosa extraña en ella.
Debe ser solo una coincidencia siniestra , porque  madre jamas haría eso.Ella es buena.¿O no?

Marcus escribió su primera nota en su primer “ diario de pesadillas” , ya que el tenia un diario intimo propio , pero no le gustaba la idea de mezclar su vida con sus” pesadillas”.
A la ultima nota la tacho , varias veces , se sentía como un mal hijo escribiendo esas cosas de su madre.
Pero sabia que tenia que desahogar sus temores y ¿ que mejor forma de hacerlo por escrito?
Miro a ambos lados del pasillo de la habitacion de el y Paul.
“Es una tontería esconder mis pesadillas en una tabla floja del piso de debajo de mi cama”penso , mientras se escondia debajo de su cama y guardaba su nuevo diario debajo de la tabla floja del piso.
Mas luego el pequeño se cruzo de hombros al salir de debajo de la cama y se dijo “¡Es mi diario , mi diario intimo!¡Según madre tiene que ser un secreto!”

Con esos pensamientos pupulando en su mente , bajo para sus lecciones.
10  de Junio de 1604

Querido diario : Otra joven sirvienta ha muerto hoy.Los criados dicen que no saben de que murió .Yo mismo ayer la vi en la mañana en la cocina y me dio un panecillo.Estaba en perfecto estado de salud y no parecía enferma , al menos a mis ojos.
La enterraron y oi a Wlll y a Peter hablar de que la encontraron cerca del bosque con mordeduras en todo el cuerpo.



Durante esos diez años ,  Marcus Bathory  escribió mas de treinta diarios , algunos de ellos pergaminos , donde relataba lo que al principio fue un escrito de un niño inocente asustado por sus pesadillas.
Pero , con el pasar de los años , la entrada de  Marcus a  la adolscencia y , sobretodo , las muertes de las jóvenes , no solo del castillo , sino también del pueblo y los alrededores.

El ahora adolscente de  19 años ya dejo de ser un niño tonto que creía que su madre “ era  buena” , sino la verdad.
Era un moutruo.Ella era la culpable de los  casi 600 muertes de mujeres de Čachtice.
“Hoy es el dia” se dijo Marcus , mientras empacaba sus pertenencias.Paul hizo lo mismo.
Su hermana Ana se caso hacia ya un tiempo y el arreglo para que se llevaran a Ursula con ellos , según su madre , a buscarle esposo.
-          ¿ Paul , podrias avisarle a madre que ya casi termine con esto?Que traiga a Fredirik o a Emma para que  nos ayuden.
-          Emma esta desaparecida ,  Marcus.No sé que pasa con las chicas del pueblo , padecen enfermedadades que las llevan  casi a la extixion…- mumurro su hermano , con desgano.
-          Ahora ,madre habla de buscar sirvientas en los poblados cercanos.No se si hacemos bien en irnos los tres , la dejaremos sola-
-          No olvides que nunca esta sola. Tiene a Alfred , a Robby y no se a cuantos mas en su cama – respondio despictivamente  Marcus , mientras ordenaba su ropa.
-          Si , tienes razón.Pero , igualmente , no debes hablar asi de madre.Es una falta de respeto.Oye , hermano ,¡ que olvidadiso te has vuelto en los meses!Aqui , en la  mesa , esta el libro que el Padre Pedro te presto –
Marcus ahogo un gruñido.¡ Que Paul no entendia que el quería irse de ese castillo de muerte y sangre cuanto antes!¡Menuda conexión entre mellizos!
-          Si , si , lo ire a devolver en cuanto acabe de empacar.Tu ve con madre y dile que traiga a Frederik aquí –
-          Si , si  ¡ que carácter! – mascullo Paul, logrando que su mellizo ahogara una risita.
Genial , Paul cerro la puerta.Marcus  ni lento ni perezoso , se metio debajo de su cama y abrió por ultima vez el escondite de sus diarios.
Aseguro bien la tabla floja con una mano , mientras que con la otra sostenia sus escritos macabros y salio de debajo de la cama.
Guardo todos los pequeños diarios en su maleta  , escondiéndolos entre sus ropas.
Hace tiempo que deseaba irse de allí.
El castillo Čachtice cambio completamente esos nueve años.Los campesinos que antaño enviaban a sus hijas a trabajar allí por alimento y techo , ahora sabían que de hacerlo , no saldrían con vida.
El joven escondio mejor el ultimo diario.
Cerro su maleta y sonrio.
Tenia pruebas de las matanzas de su madre y encontraría la forma de dárselas al rey  Matías II de Hungría.
Pero , como en muchas ocasiones , su mirada se iluminaba, luego se oscurecia
No , se dijo , no habría problabiliadades que el rey le creyera a las pesadillas de un adolscente de 19 y , menos aun , a un niño de seis.
Pero , de todas formas¿ quien sabia?.Era muy de seguro que sus diarios , junto con los rumores de su madre corriendo por el pueblo,pudieran hacer que Elizabeht recibiera el castigo tan merecido.
Ahora iria a devolver el libro al Padre Pedro.
Fue abajo y un fuerte edor a  sangre muerta.
Sus hermanos no podían notarlo , pero el si.Desde hace mucho , mucho tiempo.
-          ¿ Marcus?- la voz de Ursula lo asalto de repente de sus pensamientos.
-          ¿Has visto mi broche de oro? – pregunto su hermana de casi 22.
-          No , Ursula , no he visto nada que los sirvientes no te hayan dejado en tus habitaciones.Si me disculpas , tengo que devolver este libro al Padre- contesto el.
-          ¿ El Padre Pedro?¡Mandales saludos de mi parte!- dijo Ursula , mientras su hermano menor salía por las puertas , rumbo a la caballeriza.
-          ¡Bien!- respondio Marcus , mientras cerraba las puertas.

Espero el momento en que el y sus hermanos escaparan con vida de allí , del maldito castillo manchado de muerte y sangre.

Llego el pueblo y , como de costumbre,ya ningun aldeano subia la vista para mirarlo.
“Cada vez Elizabeht mata mas jóvenes” se dijo a si mismo al ver que allí eran la mayoría hombres.Una o dos mujeres temblaban al verlo.
Marcus deseaba decirles que todo se acabaría muy pronto , cuando hablara con el Rey  Matias y le expusiera las pruebas.
Camino hasta la Iglesia y entro en la pequeña capilla, incomodado por las reacciones que la gente ahora tenia al verlo a el y a sus hermanos en el pueblo.
La capilla era muy pequeña , pero estaba adornada con hermosos vitrales.
El Padre no estaba solo.Una pareja de mediana edad lloraba y se lamantaba de la muerte reciente de su hija.
Marcus sintió que se le oprimia el  corazón.
-          Ya,ya , su hija esta con Dios y no querra verlos asi desde el cielo – hablo el Padre , al tiempo que los acompañaba a la salida.
El joven se aparto de la salida y le dio su pésame a los padres de una de las victimas mas recientes de la Condesa.
El religioso cerro la puerta y observo al joven Bathory.
-          Padre , he venido a devolverle este libro que me presto.Muchas gracias, disfrute mucho su lectura.
-          De nada, Conde Bathory.Tengo entendido que usted y sus hermanos se marchan del pueblo mañana.¿ Adonde iran?
-          A buscarle un esposo a Ursula , esa es nuestra mayor prioridad- mintió el , alcanzándole el volumen.
-          Joven Bathory , no se si usted se tomara a mal lo que le voy a decir , pero , aquí y en algunos otros pueblos , comienzan a llamar a… no olvídelo, es…
-          ¡No!Siga por favor.
-          Han empezado a llamar a su madre la Condesa Sangrienta. Sé que para usted es un insulto para ella y para ustedes pero todo…
-          Tiene un fundamento.Lo se , Padre.Que esto quede entre nosotros,pero…yo también lo sé.Se que Elizabeht Bathory es…
-          Una asecina…- completo el cura.
-          No , mas que eso.Un demonio de ojos rojos que chupa sangre de sus victimas-

Pedro se quedo con los ojos abiertos y luego reflexiono.
-¿ Lo ha visto usted mismo?
- Si , de niño-
- Valgalme el Cielo.Esto es mas horrible de lo que pensamos…- murmurro el otro con terror.
- Su madre es un vampiro.
-¿ Que?
- Es un demonio creado por Satanas , inmortal y poderoso. Se alimenta de la sangre humana y eso lo mantiena joven y fuerte.¿No ha notado que la Condesa no envejece?
- Si , la verdad…- la verdad era que su madre seguía teniendo la apariciencia de una mujer de cuarenta tres años.
- Debemos matarla.Solo asi salvaremos su alma – sentencio Pedro.

Marcus ahogo una risa ironica.El alma de la Condesa ( si es que alguna vez la tuvo) no merecia ser salvada.
-          ¿ Como se puede matar a un vampiro?
-          Ajo , agua bendita , símbolos religiosos , una estaca clavada en su corazón y la luz Solar-
-          No , la luz Solar no – contrario el.
Al ver la cara de asombro del otro
-          Elizabeht sale a la luz del Sol todos los días.Es imposible matarla asi.Pero estoy seguro de que ella es un vampiro.Tengo pruebas , padre.Con la ayuda del Rey  Matias de Hungria entonces podremos hacer justicia.He de volver al castillo.Elizabeht debe esperarme-
-          Conde Bathory- dijo Pedro , mientras el joven salía por la puerta.
-          Que Dios lo proteja-
-          Gracias,Padre.Mi hermana le envía saludos-

Regreso al castillo Čachtice.

Despues de un almuerzo  callado( como siempre) entre el , sus hermanos y su madre. No no no no.

martes, 11 de octubre de 2016

Capítulo 2 : La Maldición de los Dragomir





Capítulo 2: La Maldición de los Dragomir

Elsa, sentada en una cómoda silla de roble oscuro, leía bajo la luz del fuego. Lo hacía porque afuera había un frio terrible, y en esa sección del castillo era una de las pocas que tenía una chimenea. Su cuarto no contaba claro está.
Ya la mañana estaba presente en Valaquia, y el tiempo frio era el invierno avecinándose.
Y con ello otros asuntos. Asuntos en los que la joven no quería pensar de momento.
Un mechón de pelo negro le obstruyo la lectura de ese poema épica que la tenía cautivada.
Sin perder tiempo, lo coloco en su lugar, detrás de su oreja.
“¡Sí que hace frío! “Pensó, arrimándose más al calor del fuego, aunque no lo suficiente como para que este quemara parte de su vestido verde.
“Incluso anoche, cayó un poco de nieve”.
Pasó la página y se sumergió en la lectura de nuevo.
La  amplia biblioteca del castillo era su reino. Allí podía merodear todo el tiempo, cualquier día, devorando libro tras libro.
Sumergirse en nuevos mundos. Contemplar la alegría y felicidad del amor verdadero o quizás ahogarse en llanto con algunas tragedias griegas.
Pero eso (junto con muchas otras cosas) no le agradaba a su padre, Lord Borláis Dragomir.
Le recriminaba todos los días porque se la pasaba leyendo o entrenando con el arco y la espada con Richard, cuando bien podría instruirse en cómo ser una buena esposa.
En  verdad, no le gustaba nada de su bella hija.
Ni el modo de su andar, como, si en lugar de estar caminando, flotara de nube en nube.
Ni como rechaza a sus pretendientes, como si fuera su igual.
Y qué decir de la complicidad que tenía con Richard, su hijo mayor, quien parecía ser el que le metía cosas en la cabeza.
Eso era todo lo que creía de su hija ,  Lord Dragomir.
Aparte, para él, esos dos jóvenes eran solo una forma de mantener la Casa Dragomir en pie, continuando con el linaje de sangre y el poder de una de las familias más ricas y poderosas del Sur de Rumania.

Elsa pasaba de página en página, sin siquiera entender una estrofa, siquiera una frase, tanto así influyo su miedo, su temor.

La puerta de la biblioteca se abrió para revelar a su hermano mayor Richard “Rick” Dragomir.

Al igual que Elsa, con su belleza y su linaje, el hombre cautivaba a muchas aldeanas, sirvientas y nobles.
Guapo, de complexión fuerte y atlética, sin llegar a ser demasiado musculoso, era una de esas personas que, junto con su hermana, mirarías dos veces antes de dirigirle la palabra.
Físicamente, eran idénticos, orgullosos ejemplos de toda la belleza de la familia Dragomir.

Ambos poseían cabellos oscuros, ojos grandes, expresivos y de un azul tan oscuro como dos zafiros brillando en la oscuridad.
Intelectualmente, también. Les habían impartido una educación excelente. Gracias a que Rick persuadió a su padre hasta el cansancio de que su amada hermana tomara las mismas clases que él.
Leían y escribían a la perfección, poseían amplios conocimientos históricos y demográficos y hablaban con fluidez el húngaro, el latín  el alemán, y el inglés.
Tan iguales, pero, a la vez, tan diferentes.

Rick  (en sí, una buena persona) era mujeriego y muy manipulador. Nunca se detenía a pensar en otra persona que no fuera él o  su hermana, volviéndose muy egoísta en esos últimos años.
Pese a todo,  casi todos lo encontraban inteligente, amable y muy caballeroso
Elsa era el polo opuesto a su hermano.
Mientras que él se mostraba encantador y extrovertido, ella, en cuanto su padre organizaba una cena o un baile, buscaba cualquier pretexto para no asistir.
No era muy dada con la gente y la razón era que todos los del castillo la consideraban “extraña”
¿Y “extraña” porque?
¿Por preferir los libros y la pintura que los vestidos y las joyas?
¿Por querer aprender a pelear en batalla que comer en los banquetes?

Rick sonrió y dijo.
-          Hermana, deja de leer por un rato, ¿no deseas practicar conmigo esgrima afuera?
-          No, Rick, la verdad no tengo ganas…
-          Vamos ¡no puedes pasarte la vida   viviendo tras un libro!

Elsa frunció el ceño. No era la primera vez que su hermano usaba ese argumento para convencerla de hacer tal cosa.
No le molestaba su argumento, sino el hecho de que Richard tenía razón. Ella vivía a través de libros, de romances trágicos y batallas históricas. Parecía no tener vida propia.
-          Está bien, Rick, pero solo será un rato. Sabes que padre no le gusta que llegamos tarde a almorzar-
-          Como si nos importara. Ponte tu traje de entrenamiento, iremos al bosque, allí podremos practicar sin que ningún idiota nos mire mal.

Elsa sonrió débilmente y asintió con la cabeza.
Ordeno el volumen en la estantería correspondiente y  fue junto con Richard a sus aposentos, a cambiarse el vestido por unos pantalones hechos a medida, negros y una camisa también negra.
Le encantaría tener otro traje de esgrima, pero eso era, en verdad, imposible. Su padre apenas si acepto el hecho de que Richard le enseñara a usar la espada y le regalara uno de sus trajes de pelea.
Se sentó en su cama y se cambió rápidamente los zapatos de tacón (que odiaba), por unas cómodas botas.
En cuanto salió, Richard la estaba esperando, dos espadas en mano.
La joven tomo su espada (que su hermano guardaba, ya que su padre no deseaba que su hija tuviera armas en su habitación bajo ningún concepto)

Ya en las caballerizas, sus corceles los esperaban.
Se montaron rápidamente y cabalgaron en rumbo hacia el bosque más cercano al castillo Dragomir.
El día se templaba, cambiado de frio a un clima más cálido.
Richard atacaba a su hermana con la espada, pero Elsa lo eludía.
Ambos hermanos adoraban esos ratos juntos, ya fuera con las espadas, cabalgando por toda la región, leyendo libros o solamente conversando, disfrutando de ese vínculo especial que los unía de pequeños.
Después de unos treinta minutos practicando, Richard observaba a su hermana menor orgullosa.
Hace  veinte años, Elsa no sabía ni como sostener una espada. Ahora, con veintisiete años, era toda una experta.
Él siempre la veía como su igual.
-          Padre desea casarnos pronto – soltó Elsa, mientras bajaba la espada y, por primera vez, la guardia en ese momento.
-          Oh- fue la simple y vaga respuesta de Richard. La idea de casarse y atarse hasta la muerte con una mujer no lo atraía mucho, nada en verdad. El hombre tenía varias amantes en el castillo y en el pueblo y con eso satisfacía sus deseos carnales, así que ¿qué razón tenía el casarse?

Por otra parte, no deseaba ver a su hermana con un hombre que solo viera su título y pensara en ella como un objeto.
-          Tranquila, Els no dejare que ningún estúpido te ponga una mano encima jamás.
-          Gracias, Rick. Creo que lo mejor es que volvamos al castillo, padre a padre no le agrada que llegamos tarde a almorzar.
-          ¿Y desde cuanto te importa lo que le agrade a padre?- mascullo Richard en una sonrisa cómplice, que su hermana compartió gustosa , mientras ambos se montaban en sus caballos.
Eso adoraba de su relación fraternal. Poseían una gran amistad y ya desde que Richard la vio en su cuna, a los  seis años, supo que encontró una compañera de juegos y aventuras perfecta.
Elsa disfrutaba el viento en su rostro azotar su rostro.
Se prometió a si mismo esto: mantendría a Elsa  y al  a él felices y libres. Sin importar los  costos o consecuencias.

Volvieron a las caballerizas, mientras unos criados miraban a Elsa con mala cara, debido a sus pantalones y  su espada envainada.
Un fuerte ceño fruncido por parte de Richard hizo que esas miradas desaparecieran.
-          ¿Qué le explicaremos a padre?
-          Nada ¿porque le habríamos de explicar algo, Els?

Los criados corrían por todo el castillo, completando diversas tareas.
Elsa subió a su cuarto rápidamente, a cambiarse la ropa de entrenamiento por uno de sus vestidos de princesa.
-          ¿Richard, Elsa? ¿Adónde se fueron?- inquirió Gorlois , al tiempo que los sirvientes ponían grandes cantidades de comida en la enorme mesa.
-          Padre, yo y Els deseamos salir a cabalgar por el bosque. Luego de este tiempo horrible, es preciso salir a disfrutar la luz del Sol- explico solo su hijo, sirviéndose un poco de carne.
-          Está bien, hijos – respondió su padre, aunque por dentro, hervía de furia.


Desaprobaba el comportamiento de Richard y, aún más, el de Elsa.

Ya desde niños eran una molestia, siempre con sus travesuras, y ahora, de adultos, eso solo se volvió, a los ojos del padre, mucho peor.

-          Hoy organizare un banquete. Vendrán muchos nobles de las regiones cercanas. Les pido que se comporten, sobre todo tu, Elsa – sentencio con voz firme  Lord Dragomir.
-          Si, padre – respondieron los dos al usina.
Richard le mando “esa” mirada a su hermana. Gorlois les pidió que se compartan, mas nunca les pidió que se prometieran a comportarse.
“Padre, padre, después de casi 33 años deberías conocerme mejor” se dijo a si mismo Richard,  bebiendo una copa de vino.
Su hermana lo imito.





Elsa trataba de respirar, pero eso era casi imposible debido al ajustado corsé que su criada personal, Sara, le ponía.
Y el  vestido azul tampoco iba a ayudar mucho pensó la joven.
-          ¿Sara, podrías dejar de ajustar tanto esto?- pregunto amablemente.

La muchacha rubia negó y respondió
-          Ordenes de su padre, mi señora.
-          Ahora debo ayudarla a cepillarse el cabello- anuncio Sara.
-          Siéntese , por favor –
-          Sara, esto no es necesario, puedo vestirme y cepillarme el cabello yo misma. Sabes que si –
-          Lo lamento, mi señora, pero usted proviene de una familia noble y mi deber es servirla en todo- objeto Sara, pasándole el cepillo por el largo cabello negro azabache.

Elsa, por décima vez en el día, ahogo un suspiro de fastidio.
Odiaba que todos quieran servirla, ¡cómo si no pudiera cuidarse sola, por el amor de Dios!

Finalmente, después de dos horas de preparación (“¡Dos horas! ¡Yo me visto sola en diez minutos!”)

Bajo las escalaras y se sorprendió por la cantidad de príncipes, lords, duques y condes que estaban en el recinto.
Intento, en vano, hallar a Richard entre toda esa multitud de estirados.

Muchos nobles (“¡pervertidos!”, pensó) le recorrieron el cuerpo con una mirada hambrienta.
Uno de ellos se acercó.
-          Duque Pellinore , mi Lady Elsa. Permítame decirle que es usted una de las mujeres más hermosas que he visto- adulo su belleza ese tipo.

Elsa  no hizo reverencia, odiaba que todos vieran en ella solo el exterior.
-          Gracias, Duque. Pero mi hermano me ha llamado, he de acudir- se excusó la joven, dejando a todos los pretendientes con la cara casi roja del enfado.
Volteo para seguir buscando a Richard, mas su mirada palideció cuando sus ojos azules se encontraron con los de su padre.
-          ¡Escúchame bien, Elsa Dragomir! ¡Me tienes harto, tú y tu hermano!- grito, en medio de toda la fiesta.
-          Padre, esch…-
-          ¡No voy a escuchar nada! ¡Te casaras, quieras o no! ¡Es tu labor de mujer!- y, sin decir  más, la tomo del brazo y la obligo a subir escaleras arriba. Le apretaba con tanta fuerza el brazo, que parecía que se lo iba a romper.
-          Padre, me lastimas- balbuceo la joven, intentando zafarse.
-          Te he comprometido ya con el Barón Lanzelot.No tienes opción , debes ir a verlo ahora”

Richard, por su parte, se encontraba rodeado de hermosas mujeres, duquesas, princesas, ladies y condesas.
No supo cómo había llegado a esta situación.
El castillo rebosaba de invitados y no pudo hallar a su hermana en ninguna parte.
-          ¿Lord Richard, que opina usted del…?- comenzó a decir una condesa.
-          Condesa , perdone , pero he de buscar a mi hermana-

Ni siquiera se detuvo a oír los ruegos de las damas.
Algo andaba mal. El que su padre invitara a tantos invitados le pareció, ahora, sospechoso.
Era claro lo que quería lograr Lord Gorlois.Que los hermanos se encentran separados toda la noche.
Y sabía muy  bien porque.
Abriéndose paso entre la multitud, logro ver a Sara, la sirvienta de Elsa.
-          ¿Sara? ¿Y mi hermana? ¿Dónde está?
-          Mi Lord, no sabría decirle…
-          ¡Dime donde esta o te cuelgo yo mismo por desobedecer ordenas directas!-

La criada palideció y susurro
-          Con el Barón Lancelot, ala norte del castillo-

Elsa  y su padre llegaron a las puertas de una habitación.
-Padre, por favor…-
- Ahora tendrás que hablar con tu prometido. No me falles ¿entendiste?- sentencio.

La empujo tras la puerta y cerro con llave esta.
“Sólo tengo que esperar” se dijo Gorlois.
Elsa trato de abrir la puerta, y se desesperó al notar que estaba con llave.

El Barón Lancelot, un hombre de unos treinta años y cabello cobrizo, miro, divertido, como la joven continuaba tratando de salir.

Elsa suspiro y jugo su última carta: la diplomacia.
-          Barón, no sé qué le habrá dicho mi padre, pero no estoy lista para casarme -  dijo, firmemente.
-          No importa, en cuanto te marque como mía nadie podrá detener la boda – susurro el, devorando el cuerpo de la joven con una mirada hambrienta.
Ella, aterrada, le atizo un puño en la cara cuando él se acercó, logrando que la nariz se le quebrara.
-          ¡Estúpida! – se quejó el Barón, limpiándose de la nariz la sangre que manchaba ahora su rostro.
La joven grito del terror cuando el hombre la tiro al piso.

Richard, tras unos minutos de correr como un loco en el castillo, llego al ala oeste y, aterrado, oyó gritos. Los gritos de su hermana.

Su padre parado en la puerta, desde los que se oían los gritos de Elsa.
Furioso era decir poco, para describir lo que sentía Rick.
Empujo a su padre al suelo y pateo la puerta con tal fuerza que la rompió.
Su hermana, su hermana en el suelo, llorando,  gritando y tratando de luchar con Láncelo, que trataba de violentarla.
Richard desenvaino su espada y tomo al desgraciado por el cuello. Le estoco el arma en el estómago Se volvió rápidamente a Elsa, que respiraba con dificultad en el piso.
La abrazo, tratando de calmarla.
-          Tranquila, Els. Ya paso, todo está bien. Yo estoy contigo, nunca más me iré de tu lado. Yo te protegeré ¿eh?-
La joven, llorando a mares en su pecho, con su vestido azul ahora hecho tiras.
Por unos segundos que para ambos hermanos parecieron una eternidad, Richard ayudo a Elsa a ponerse de pie.
-          Rick, tus ojos… están rojos -  balbuceo con la voz aun quebrada, mirando a los ojos del color de la sangre.


El observo a su hermana. Sus ojos rojos, contrastando tanto con su belleza glacial, resplandecían en la habitación.
-          Els, tus, tus ojos también.

Se quedaron así un minuto, Richard reconfortando a Elsa.
-          No puedo creer que padre planeo que me hicieran esto…- decía ella, entre sollozos, otra vez.

En ese momento, Gorlois  entro a la habitación
-          ¡Richard Dragomir! ¡¿Cómo osas golpear a tu propio padre?!-
-          ¿Y tú, padre? ¿Cómo osaste planear que le hicieran algo así a Elsa?- aulló Richard, conteniendo la furia, mientras ponía a su hermana detrás suyo.
-          ¡Es su labor de mujer seguir manteniendo la casa Drago…!
-          ¡Cállate! ¡Si vuelves a permitir que la toquen, vas a pagar caro!
-          No serias capaz…
-          ¡Después de lo que vi ya no hay nada de lo que no sería capaz!-grito Richard, aun más fuerte, mientras su hermana tomaba fuertemente su mano.
-          Richard, vámonos, quiero ir a mi cuarto....-

El tomo a su hermana del brazo todo el tiempo, con delicadeza, tratando de calmarla.

En unos minutos llegaron al ala sur del castillo, Richard se detuvo en propia habitación un momento y saco la espada de Elsa.
-          Toma, por favor. Esta noche, dormiré contigo, para que nada de “eso” vuelva a pasar.
-          Gracias , Rick , gracias por todo-
-          Tranquila, ya todo paso – continuo, mientras caminaban a la habitación contigua, que era de la Elsa.
Richard espero en  una silla a  que su hermana saliera del cuarto de baño, donde se cambió de vestido, uno verde, ya que el otro estaba hecho tiras y se le veía gran parte del corsé.

Elsa se acostó en la cama, con la espada a un lado, mientras el cerraba la puerta con llave y se acostaba en el piso, también con la espada cerca.
-          Rick, tus ojos, los míos, estaban rojos – balbuceo la joven.

Desde que su intento de violación había pasado, no hacía más que balbucear.
-          De eso nos preocuparemos mañana. Tú descansa, mañana…- se quedó estancado en medio de la frase.

¿Qué harían ahora? Gorlois seguía siendo el padre de Elsa y el que ejercía presión sobre ella. Aunque a ambos les doliera admitirlo, Elsa era “propiedad” de su padre.
Así que Richard pensaba en las posibilidades para salir de ello, ¿acaso podrían el matar a Borlaos sin que nadie se diera cuenta?
Por supuesto que sí, en el bosque  crecía un hongo venenoso, que casi todos confundían con una común.
Si encontraba una manera de…

Se volvió a su hermana, preguntándole si quería asesinar a su padre a su lado.
Elsa dormía, la respiración, tan agitada antes, ahora calmada.
El cerró los ojos, intentando dormir. La venganza, después de todo, era un plato que se servía frio y en familia.




“¿Dónde estoy?” Se preguntó Elsa. Esa habitación era idéntica a la suya en el castillo de su familia, aunque mucho más grande.
Abrió los roperos y hermosos trajes de esgrima, bellos  vestidos y a la vez simples deslumbraron sus ojos.
Volteo y  enormes estanterías repletos de libros hermosos.
Sonrió, cada una de esas paredes gritaba “¡Elsa!” por todos lados.
Se detuvo  ante un libro encuadernan en piel, cuando oyó esa voz, tan familiar, pero, a la vez, tan aterradora.
Con los nervios y el miedo a flor de piel, se volvió.
Su corazón se tranquilo al ver que sólo era su hermano, parado en el marco de la puerta.
Pero, en cuanto le hecho un segundo mirada, noto que algo andaba mal en él. Terriblemente mal.
 “Ese no es mi hermano” se dijo a si misma Elsa.
Richard había palidecido muchísimo  y su sonrisa era cruel y sádica, con un deje de cariño cuando la miraba.
-          ¿Vamos a cazar, Elsa?- inquirió él.
Ella  comenzó a temblar. A ella nadie la engañaba, ese no era Richard, sino un demonio.
Retrocedió unos pasos, mientras Richard parecía sorprendido y confuso, aunque con un deje toque de burla.

Elsa se volteó y, de la nada, un espejo se corporizo en el aire.
 “Esta tampoco soy yo” se dijo, asustada, al ver “su reflejo” en el espejo.
Ella era idéntica a Richard, pálida cual mármol y más hermosa que nunca.
Eso no estaría tan mal, si no fuera por sus ojos eran apagados,  vacíos y rojos.
Todo se hizo oscuro de nuevo e imágenes pasaron revoloteando en su mente.
Seres siniestros, lobos, ángeles y demonios. Y batallas crueles entre ellos.



Richard oyó a su hermana gritar, despertándose al momento.
Tomo su espada, listo para ayudarla, pero se detuvo al ver que no había nadie más  en la habitación que ellos dos.
A la luz de las velas, el rostro de su hermana se veía cubierto de sudor.
-          ¿Els? ¿Que…?
-          Tuve una pesadilla, Rick, fue horrible…-balcuceo ella , llorando.

Richard fue hasta la cama y tomo la mano de su hermana y la observo detenidamente. Sus ojos, otra vez, del color de la sangre.
-          Elsa, vamos a la biblioteca- propuso el.
-          ¿Para qué?- inquirió ella, aún sin comprender.
-          Solo hazme  caso, tenemos que averiguar que está pasando con nosotros – argumento Richard.

Elsa tomo dos velas y se ató su espada a su cintura.
Richard abrió la puerta con sigilo y observaron el pasillo desierto y oscuro.

Las velas iluminaban unos pocos metros, pero ellos, que conocían el castillo de memoria, no les fue difícil hallar un atajo a la biblioteca.
-          ¿Exactamente que estamos buscando, Richard?- pregunto Elsa, mientras encendía las velas de la biblioteca.
-          Explicaciones, sobre… sobre nosotros. Sé que una leyenda de terror de un ser con los ojos rojos la leí cuando era pequeño y tu aun no habías nacido.

Richard tenía seis años. Su madre estaba encinta y él esperaba con ansias a su nuevo compañero de aventuras.
Estaba sentado en una alfombra de lana, con los ojos azules chispeando.
Era una criatura preciosa y, a pesar de eso, impetuoso e independiente, único ser en toda la comarca de Gorlois no podía controlar.
Jugaba con caballos de madera, pero se aburrió enseguida. Quería más juguetes, eso estaba decidido. Se lo pediría a su madre con tono inocente y, a los ojos de los otros, ladinos. Su padre estaba fuera. Como siempre.
A Richard le desagradaba su padre, mas adoraba a su madre.
Ella le contaba que deseaba que su nuevo bebé fuera una niña, con la piel más blanca que la nieve, ojos azules como el cielo nocturno y cabellos negros como el ébano.
-¡Como yo, mamá!- dijo el niño, a estas alturas no le importaba que fuera, sino que naciera y que le hiciera compañía en ese castillo vacío.
- Si, Rick, como tú .Quiero que mis dos príncipes de los cuentos de hadas crezcan sanos y  felices…- decía su madre.
-¿Pero no deseas que le diga a padre que tú quieres que el bebé sea niña, no?-pregunto entonces el, con tono austero al referirse a su padre.

Lady Dragomir sonrió, en parte triste y en parte encantada por su innegable inteligencia.
-          Si, Rick. No hemos de decirlo nunca a tu padre. Deja que sea una sorpresa ¿eh?-
-          Si, mamá… hablando de eso ¿me compras otro caballo?
-          ¿De carne y hueso o de madera?
-          No sé, si quieres comprarme uno de verdad, me encantaría. Ese sería uno de mis deseos. ¿Tú que deseas, mama?
-          Humm, deseo que tu hermana nazca sana y que tu padre deje que le ponga Elsa ¿te gusta ese nombre?
-          Si –
-          Mi segundo deseo seria que ustedes fueran felices por toda la eternidad. Y mi tercer deseo , que  practiques un poco la lectura-
-          ¡Mamá! ¡Ya me he leído todos los libros que mi tutor me mando que leyera! ¡Es un explotador e idiota! – se quejó el niño, poniéndose de brazos cruzados. ¡Él quería un caballo,  no leer!
-          Yo no sé leer, Rick. Mi padre nunca me dejo aprender y que encanta que me leas cuentos-
-          Mamá , los cuentos infantiles son tontos …
-          ¿Por qué no vas a la biblioteca y me lees un cuento que no sea tonto?-
-          ¿Tendré mi caballo?
-          Ya  veremos…-

Rick  levanto su pequeño cuerpo de la alfombra y corrió hacia la biblioteca.
¿Qué cuento no era tonto? ¿Uno de aventuras? No, se los sabía de memoria.
“¡Sí!¡Uno de miedo! “pensó, corriendo a la sección de libros “Prohibidos” del castillo.
Obviamente, su padre le prohibió entrar a esa sección de la biblioteca.
¿Pero quién podía imponerle reglas a Richard Dragomir? Bueno, su madre era la excepción.
Nunca antes recorrió con la mirada azul  esas estanterías casi ocultas.
Un libro le llamo la atención. Moroi” rezaba la portada.
Según las lecciones de su tutor “Moroi” era  una palabra  en rumano que significaba “No muerto”
Al niño le dio curiosidad y decidió leerlo en una silla.
Hablaba del poder del Diablo sobre la Tierra, de sus servidores, bebedores de sangre humana, poderosos, fuertes… inmortales.
Como en todos los libros, solo había un dibujo a modo de ilustración.
Un hombre siendo mordido por un Moroi y sus ojos pintados de rojo.

Dio un respingo al notar una presencia en la sala.

Gorlois, con los ojos llenos de furia al ver lo que su hijo tenía en sus manos.
-          Padre…-

El hombre lo golpeo en el estómago y luego pateo su pequeño cuerpo.
-          ¡¿Cómo osas leer ese libro, Richard Dragomir?!

El pequeño se tambaleo y se limpió la sangre que corría por su precioso rostro infantil.
-          Padre, yo no…-
-          ¡Silencio! ¡Ahora mismo voy a hablar con tu madre! ¡Ella es la que tenía que impedir  que tu hicieras de las tuyas!- y, sin decir más, lo tomo del brazo y lo saco de la biblioteca, rumbo a la sala de estar.

Richard trato de explicarle, en vano, a su padre que el verlo así, le haría mal a su madre y a su hermano.
Lord Dragomir, sin importarle nada, lo llevo a la sala de estar
-          ¡ Gorlois!- grito del asombro y del terror Lady Dragomir, al ver a su amado hijo cubierto de sangre.
-          ¿Quién le ha hecho esto?
-          Yo ¡y bien merecido se lo tenía! ¡fue a la sección de relatos oscuros y leyó… leyó, no sé qué leyó, pero lo leyó! –
-          Borláis, es solo un niño… -
-          ¿Acaso tu estas con él?- dijo  el Lord, dándole una fuerte bofetada a su esposa.
-          ¡Mama! – dijo Rick.
Y no pudo creer lo que vio a continuación. El estómago de su madre sangrando.
Una criada, que pasaba por el pasillo, saco al niño, mientras otro se encargaba de llamar al doctor.
Luego de unas unos treinta minutos, Richard y su padre estaban esperando las noticias.
El niño no dejaba de llorar, era su culpa, pensaba. Su culpa.
En ese momento, el doctor salió, con las manos cubiertas de sangre, pero, al hablar, no se dirigió a Gorlois, sino a Richard.
-          Pequeño , tu madre quiere hablarte –
-          Sí, señor – respondió el y entro a la habitación.
Lady Dragomir sostenía un pequeño bultito con alegría.
Rick se acercó y su madre le paso a la bebé.
-          Es Elsa, Elsa, Rick – dijo ella. no no no
-          Si, mamá, es mi hermana. Es preciosa – respondió, con orgullo.
-          Tu deseo se cumplió , mami-
-          Rick, perdóname y también le pido perdón a Elsa, ya que no podre estar más con ustedes físicamente. La muerte viene por mí –
-          ¡No, mami! ¡Por favor no nos dejes!-
-          Es la ley de la vida. No culpes de esto a tu hermana…
-          Els no tiene la culpa…- afirmo el, mirando a su hermanita dormir en sus brazos.
-          Tu padre le echara la culpa. Y también a ti. Pero nunca estarán solos, se cuidaran entre ustedes y yo estaré cuidándoles desde el Cielo. Sean fuertes y, sobre todo, felices­- dicha estas palabras Lady Dragomir, se sacó el anillo que llevaba en la mano derecha y se lo puso en la palma de las mano a su hijo.
-          Dale este anillo a la mujer que ames en verdad…- concluyo, mientras sus ojos se cerraban.
Ahora 27 años después Lord Richard Dragomir encontró el libro “Moroi” de nuevo.
Ya lo olvido hace tantos años, hace unas horas , ese recuerdo lo volvió a atacar.
¿Qué hacer ante esa posibilidad? ¿De que ellos terminaran siendo Moroi?
Elsa se sentó en una silla y con Richard brindándole luz con su vela para la lectura, leyó el libro de apenas diez páginas.

Era un libro sumamente corto, pero tenía detalles tenebrosos y perturbadores.
Al llegar al final, Elsa observo el dibujo del Moroi, con sus ojos rojos.
Rojos como los que ella y su hermano tenían ahora.
-          ¿Quieres decir que esto somos ahora?- inquirió, con la voz quebrada por el terror.
-          Es solo una posib…-


Richard se quedó con la respuesta en la boca.
-          Elsa, guarda el libro en su lugar…- dijo con voz baja, casi inaudible.
-          ¿Padre?-
-          Si , está muy cerca
-          ¿Cómo puedes oírlo?- pregunto ella de nuevo. 
-          Mantente callada, nos iremos por la otra puerta.

Ella rápidamente, guardo el libro en su estantería y sigilosamente, salieron por la puerta de salida.

Richard sostenía la mano de su hermana, para que no se perdiera en la oscuridad, mas eso no les sirvió de mucho.

En cuanto doblaron una esquina, estaban rodeados de soldados.
-Él ni siquiera es un Lord…- comento uno de ellos con  desprecio, mientras desenvainaba su espada.
-          ¡Es un brujo! – se burló.
-          ¡Lord Dragomir vio el mismo sus ojos volverse rojos!

“¡Mierda!”pensó Richard, mientras él y Elsa  desenvainaban sus espadas también.

Los soldados se rieron al ver que Lady Elsa también pensaba sumarse a la pelea, pero pronto uno de ellos dejo de reír cuando la espada de la joven le atravesó la garganta.
-          ¡Els, cuida tu defensa! – decía su hermano, mientras con una estocada mataba a otro soldado.
Los hermanos Dragomir se defendían muy bien, pero lo cierto era que los demás eran demasiados.
Cada vez que mataban  a uno, aparecía otro y así sucesivamente, hasta que solo quedaron tres.

Para Elsa, que era su primera pelea real, lo único que le importaba era que ella y Richard salieran vivos de esto.
Mas en cuanto desarmo a un soldado y se dispuso a darle una estocada, sintió un filo justo en su cuello.
-          Siempre supe que eras sólo una carga- la voz de Gorlois sosteniendo un cuchillo sobre su cuello e inmovilizándola con un brazo, hizo que la joven titubeara.
Richard estático,  vio la escena con terror.
Gorlois planeaba matarlos a ambos.
-          Pero que carga más estúpida resultaste ser. Debí matarte cuando naciste…
-          ¡Déjala!- grito Rick.
-          ¡Suelta la espada, entonces!

Richard, a regañadientes, pero sabiendo de antemano que era su única opción, lo hizo.
-          ¿Ves estúpida? Siempre vas a necesitar un hombre que te proteja -  comento Gorlois.
-          Te equivocas…- comenzó a decir Elsa, mientras sus ojos azules se volvían del color de la sangre. De inmediato y con una velocidad nunca antes vista, se soltó del agarre de Lord Dragomir y le clavo su espada en el estómago.
-          Yo no necesito a nadie que me proteja.

Su hermano, a la misma velocidad, tomo su espada del suelo, pero después lo pensó mejor.
Sonrió con maldad, la maldad que siempre estuvo en su interior, los ojos se le volvieron rojos otra vez.
Y, ante la mirada atónita del hombre, sus colmillos crecieron y los clavo contra el cuello de su ahora víctima.
Se volvió hacia su hermana, mientras el tipo gritaba del terror y dolor.
Sus ojos la miraron con complicidad tenebrosa.
La mente de Elsa era un caos total
“Hazlo, haz como Rick. Sé cómo él, vamos ¿qué importa si matas a otro desagraciado?”

En sus labios se curvo una sonrisa, idéntica a la de su hermano.

Sus colmillos crecieron de igual forma, tomo a uno por los hombros e inca sus colmillos en el cuello del soldado.
Bebió sin parar, disfrutando del sabor de la sangre caliente correr por su garganta.
Cuando se dio cuenta, el hombre espiraba en sus brazos.
Sintió una mano tocándole el hombro, una mano fría.
Sabedora de quien se trataba: Richard.
Tomaba del brazo al último soldado, que lloraba, implorando suplicas y un perdón que jamás llegaría.
-          ¿Qué quieres hacer con él, Elsita?
-          No podemos matarlo. Tengo… otros planes para el-propuso ella, limpiándose la sangre que cubría su bello rostro.
-          No lo dejes escapar, Rick…- dijo, utilizando un tono de juego, sólo para hacer sufrir a su víctima aún más.
-          Un, dos, tres ¿quién dice que voy a dejarte espaciar? -  usando el mismo tono, sólo que mucho más siniestro.  


El hombre, callado, ya que el terror no lo dejaba hablar,  se inca de rodillas ante los dos hermanos moroi, suplicando piedad.
-          Mírame a los ojos – ordeno Elsa, alzándole la barbilla.

“Tu mataste a nuestro padre, fue una rebelión que planearon con todos estos soldados. Nosotros fuimos a defender a Lord Dragomir, pero ya era tarde. Finalmente, lográramos reducirlos. Tu eres el culpable”



Greta despertó en medio de la noche, casi el alba, por causa de unos gritos.
Abrió la puerta y se encontró a Lady Elsa, en camisón, llorando, diciendo palabras inentendibles como “padre” “soldados” “asesinos”.
Lord Richard, llorando, pero tratando de calmar a su hermana después de todo, le dijo a Greta que su padre Lord Gorlois Dragomir fue asesinado por sus propios soldada dos en un acto de rebelión.
Le pidió a Greta que llevara a Elsa y le diera un té de hierbas para calmarla.

Los dos le relataron que en medio de la noche, la joven escucho golpes de su padre en la puerta.
Gorlois les explico a sus hijos que un grupo de soldada dos se rebelaron y tratativa de acabar con la vida de su padre.

Corrieron buscando escapar, pero, por desgracia, todos los sirvientes se encontraban durmiendo y no sabían si los otros soldados (que se alojaban en el ala sur del castillo) no estaban también confabulados en su contra.
Comenzaron a luchar ellos tres con una veintena de hombres, pero, a pesar de que los jóvenes Dragomir,  Borláis perdió la vida.
Richard atrapo al  desgraciado que mato a su padre y que ahora encerrado se encontraba en las mazmorras del castillo, para que hablara, sobre cuantos se confabularon en realidad para el ataque.
Greta sintió compasión por los dos jóvenes. Había conocido a Lady Dragomir y fue una buena persona… Lord Dragomir, no tanto.
En realidad, todo lo contrario, pero sintió pena por los jóvenes Lord que acaban de quedarse huérfanos del todo.

Todos en el castillo conocían al soldado, Rellinand , uno de los hombres de confianza del Lord.
El tipo confeso que ellos veinte lo planearon todo, en verdad, solo querían el oro que Gorlois escondía en su bodega, pero jamás pensaron que él y sus hijos pusieran tal resistencia.
Y también matar al Lord, debido a los malos tratos que siempre ellos recibieron de él.
Lord Richard, junto con su hermana, lo condenaron a pena de muerte, en la horca.
Sara fue a preparar a su señora para el funeral de su padre.
Callada, quieta, y sin proferir queja alguna sobre su corsé, sus zapatos o sobre el abultado vestido negro que la sirvienta le ayudo a ponerse.



Enterraron a Lord Dragomir junto con su esposa y  vinieron  muchos nobles de las comarcas cercanas a darles sus condolencias a los hermanos Dragomir.
-          ¿Y ahora qué hacemos?- pregunto esa noche Elsa, que se la paso riendo por dentro, al igual que Richard, todo ese día.
-          Nos iremos de aquí, no quiero…
-          Que nadie me ponga una mano encima jamás. Pero, hermano, ya no es necesario que me estés cuidando. Por primera vez en mi vida me siento poderosa, invencible. Nadie volverá a hacerme daño…
-          Déjame terminar. No deseo que tus poderes Moroi tomen influencia en ti. Ya nos alimentamos de esos soldados ayer, pero, con el tiempo, se darán cuenta (y no creas que son estúpidos, Els) que muere gente de “enfermedades extrañas” en el castillo Dragomir.Así solo lograremos correr rumores, sospechas. Y muchas veces los rumores y las sospechas traen verdades.
-          Tienes razón. Debemos irnos, no soporto mas esta vida de mierda que Borlaos me quiso hacer llevar.
-          Vaya, hermana, jamás oí ese lenguaje por tu parte.
-          Considéralo un renacer para ambos Richard.
-          Apresuremos las cosas, nos vamos esta noche.
-          ¿Esta…?- los planes de ella era otros, menos precipitados.
-          No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy – argumento Rick, bebiendo un sorbo de vino.

Fue fácil, tan fácil convencer a los sirvientes que deseaban darse un respiro de todo lo acontecido e ir a las tierras que eran, antaño, de su difunta madre, a pensar las situaciones vividas mejor.
Elsa se cepillaba el pelo, sonrió, su última noche allí, la última noche de Lady Dragomir en ese castillo vacío y frio.
Un grupo criados,  cargo todas las pertenencias de ambos en una caravana de carruajes, junto con todos los tesoros de los Dragomir.
En total, veinte carruajes, tres de ellos con las pertenencias de los hermanos desfilaron por los oscuros caminos de la noche.
Elsa jugueteaba con su pelo, mientras con la otra mano disfrutaba del viento en  correr por los verdes prados.
Richard sonreía al ver a su amada hermana feliz por fin.
Del “problema” de cómo se convirtieron en Moroi sin ser mordidos, lo verían después.
En el mismo carruaje, observaron el Sol esconderse en el horizonte.
Y ambos canturrearon, a ellos y al viento.

“Si nadie promete un mañana…”