Capítulo 5: Lazos Fraternales.
Giselle aspiro el olor a pan recién orneado que
salía de uno de los puestos de comidas. Lo hacía, básicamente, para concentrarse en los olores
que emanaban los objetos, en vez de los que emanaban los humanos.
Si te concentrabas demasiado en un aroma agradable,
podrías caer en la tentación y una horda enfurecida te perseguiría con
antorchas y estacas.
Le era difícil pensar que pasaron 37 años desde
esa noche en la hoguera.
Los ancianos que se encontraban alrededor de ella,
estaban ya muertos, los jóvenes eran ancianos y los niños eran ya hombres y
mujeres de edad.
Todos ellos habían cambiado con el paso de los años,
inevitablemente.
Giselle también.
Por supuesto, no físicamente, eso era imposible
para un Moroi, pero si a nivel mental.
Decidió robarles a sus víctimas, con el dinero
que ahorraba de todas ellas, sobrevivía una semana.
Tenía una nueva mochila de viaje, más resistente
que la última y un compañero de viajes
“Sombra” que no era precisamente un vampiro como ella lo hubiera deseado.
Era un caballo blanco. Lo tenía desde hace 10 años.
Lo “tomo prestado” de un establo cuando el animal era un potrillo y lo alimento
y cuido.
De día, recorrían los campos caminando. De noche,
disfrutaban de la brisa nocturna, luego de una huida de la cacería.
Por supuesto que Giselle solo mataba una vez al
mes. De allá a decir lo que hacía con sus víctimas de control mental era otra
cosa…o al menos así lo pensaba la moroi.
La feria… unos aromas a sangre difíciles de ignorar,
pero ella lo hizo de igual modo.
“Concéntrate, Giselle has venido por un vestido nuevo, que bien te
lo mereces”
Su vestido de paño azul, se manchó con sangre
hace dos días. Lo lavo dos, tres, cinco veces. La sangre no salía.
Era uno de los tres que poseía, así que, por
mucho que lo odiara, debía ir a comprarse otro a un bajo precio.
Se detuvo ante la primera tienda que hallo,
vestidos de todo tipo, hechos desde tela de humilde paño, hasta de lujosa seda
y terciopelo.
Se encontraban dos jóvenes aparte de ella, en apariencia,
nobles.
Primero no le prestó atención, se dedicó a mirar
vestidos para ver cuál era de la tela más resistente y el precio más económico.
Sin embargo, se detuvo al escuchar el nombre de
una tal “Condesa Sangrienta”
-
¿Disculpadme, mi ladies? ¿A qué se
refieren con “La Condesa Sangrienta”?-
Las nobles, jóvenes, de unos 13 o 15 años,
respondieron encantadas, obviamente con ganas de conversar sus chismes.
-
Ella es real. Es una Condesa Húngara,
Elizabeth Bathory. Tiene 5 hijos y es una de las más ricas y poderosas de todo
ese país. Bueno, lo era, hasta que “eso” pasó.
-
¿Que, si podrían explicarme?
-
La despojaron de sus tierras y de toda su fortuna y poder. Hizo…- entonces,
la niña de trece años cambio su expresión.
Asustada, ahora.
-
Asesino a más de 600 o 700 jóvenes
, más o menos , bebiendo su sangre ,
teniendo acceso carnal con las chicas y mordiéndolas en el proceso-
-
¡Válgame el Cielo! Pero, ¿esos
rumores están confirmados?- pregunto astutamente la Moroi, con miedo y temor
muy bien fingidos.
-
Por supuesto, el rey Matías no pudo matarla, por sus títulos, pero eso no
le impidió que le diera una buena condena. La encerrona en su habitación y
sellaron las paredes. Esto sucedió, más o menos, en 1612. ¿Horrible, no?- se volvieron detrás de ella,
siguiendo con su elección de vestido.
Giselle dejo el puesto, otro día volvería, ahora
se concentraría en esa nueva información.
Vaya, vaya, si tenía mala suerte, quizás
encontró a otro Moroi, pero no del tipo que buscaba.
Iría a Hungría, eso estaba decidido. Quizás los
hijos de la Condesa hablaran un poco si ella se los pedía.
Elsa leía bajo el fuego crepitante de la
chimenea de la sala de estar del castillo.
Paso de página y suspiro tristemente, tratando
de captar, desesperadamente, una palabra, una mirada, siquiera un gesto de su
hermano que veía la luz de la Luna entrar por los vitrales, una copa de sangre
en la mano, sin dirigirle atención alguna.
“Días aquellos a los que quisiera regresar
“pensó la moroi. Los días felices entre ella y Richard, días en que compartían todo,
en los compartían esas miradas de complicidad, y ese vínculo tan especial, hoy,
para ella, roto.
Las cosas cambiaron demasiado entre ellos en
esos 40 años.
Vivian en un castillo escondido en la montaña,
pero no solo.
Richard tenia amantes/ alimentadoras que mataba
poco a poco, disfrutando verlas retocarse de placer y dolor a la vez mientras
tenían relaciones sexuales.
Elsa paso de ser su hermana a simplemente un
mero objeto de decoración en el lúgubre castillo.
“Si al menos me dejara salir un poco” se quejó ella,
mentalmente, frustrada.
Atrás los
días quedaron en los que ellos practicaban con la espada bajo la luz solar.
La tenia encerrada en ese maldito lugar.
Y ella quería respuestas y las quería ya. Ahora.
-
Rick ¿podemos hablar?-
Su hermano mayor se dio vuelta para mirarla.
Para furia de Elsa, hizo amague de retirarse de
la sala.
-
¡Richard Dragomir, escúchame!- alzo
la voz ella. No deseaba gritarle, eso solo pondría peor la situación.
-
¿Que?- respondió austeramente él.
-
Te estas convirtiendo en un monstruo,
hermano, en alguien que no eres…
-
Elsa, no me hagas reírte eres como
yo. Eres también eso , así que vete acostumbrando –
-
¡Somos asesinos por toda la eternidad,
si! ¡Pero eso no quiere decir que tengamos que afrontar nuestra inmortalidad
dañando a cinco personas al mes, en vez de alimentarnos de solo una!
-
Esta es tu vida ahora y , en cuanto
la afrontes de una vez , será lo mejor-
-
¿Vida? Richard, no me hagas reírte,
desde que yo nací, me prometiste una vida de libertad y felicidad. ¿Y eso?- y
señalo hacia arriba, donde dormían las amantes de su hermano.
-
¿Te parece vida? ¿Tener encerrada a
tu hermana te parece libertad? Richard, yo quiero ser feliz. Y aquí, encerrada
y solo saliendo para alimentarme, no lo soy ¿comprendes?-
-
¡Entonces vete! – grito directamente
el, sus ojos rojos brillando en la oscuridad.
Elsa se quedó sin palabras.
-
Me marcho a primera hora de la mañana.
Tomare la mitad de la herencia, lo que me corresponde – dándose la vuelta y
saliendo de la sala.
“No deberías estar haciendo esto. Te olvidaste
de quien eres y te concentraste en lo que eres” se dijo una voz en el moroi.
“Ella es tu hermana. Te necesita”
“Ese es el problema, me necesita demasiado.
Estar sola un tiempo le hará madurar. Y
entender lo que es”
Elsa se encerró en su cuarto y comenzó a empacar
sus pertenencias.
Se marcharia. Tenía una fortuna a su disposición
para vivir cómodamente y… sola.
“Mejor sola que mal acompañada” se dijo.
Contrario a lo que supuso en un primer momento,
Richard no fue a despedirla. Ni siquiera salió de su habitación, de donde se
escuchaban gemidos y jadeos.
El carruaje la esperaba. Ella tampoco miro hacia
atrás. Ojo por ojo, diente por diente.
“Frio, solitario. ¿En qué te has convertido,
Marcus?” se preguntó el vampiro. Solo pasó un mes desde su conversión y ya era así.
Estar en un pueblo con muchos habitantes era…interesante.
Aunque lo odiara, tenía que robar usando el
control mental para seguir viajando.
Trato, por todos los medios, de no inhalar
demasiado las fragancias de la gente a su alrededor.
“Eso podría terminar mal” se dijo, pero cayó en
la tentación. Pan, sangre fluyendo y ese
aroma.
Era en verdad extraño, pues el jamás sintió esa
fragancia provenir de ninguna persona u objeto en ese mes.
Era fresca, atrayente, irrestible.Era idéntica a
la emanaba.
¿Podría ser…?
Corrió hasta localizar de donde provenía la fragancia, un puesto de
libros fue el resultado final.
El vendedor era un hombre entrado en años. No,
no era.
La joven sí. Le daba la espalda, con el cabello
castaño largo cayéndole como cascada hasta la cintura.
Se posiciono a su lado.
La chica, de unos 25 años, tal vez menos, ojeaba
un libro, lo dejaba en la mesita y tomaba otro.
-
¿Disculpe? ¿No puedes decidirte
entre Shakespeare y Miguel de Cervantes?- pregunto, observando su palidez con
detenimiento.
-
Yo no sé leer – admitió la joven.
Luego agrego
-
Solo quería observar los libros que
todas las personas alfabetizadas leen y yo no.
-
¿Su nombre? Porque, perdone, me
parece que somos parientes lejanos – pregunto, con una sonrisa.
-
Giselle. ¿y usted? -respondió,
sonriendo la moroi. Quizás encontró a uno de su raza, al fin y al cabo.
-
Marcus Bathory- dice, con una sonrisa cómplice.
-
Oh, creo haber escuchado de su madre- comento ella.
-
Un castigo divino, señorita. ¿Por
qué no seguimos esta conversación almorzando? - respondió, para sorpresa de Giselle sin enojarse,
en un tono de broma y rieron, sin saberlo,
unas risas vacías.
-
Un placer será , señor
-
¿Le gustaría llevarse “El Ingenioso
Hidalgo Don Quijote de la Mancha” si
quiere le puedo enseñar a leer , soy tutor -
-
Claro- respondió Giselle, entusiasmada por encontrar,
después de tantas décadas, a uno de su especie.
-
¿Le gustaría que le regalara ese
volumen?-inquirió amablemente él.
Ella se molestó.
-
No por ser mujer no voy a tener
dignidad , pero gracias de todos modos
-
¿Qué
va a llevar, señorita?- pregunto el vendedor.
-
Este libro – respondió la moroi,
pagando con dos o tres modernas de plata el
volumen.
-
Lista – anuncio Giselle.
Caminaron a la posada donde se alojaba Giselle.
Ambos pidieron té y un poco de pan.
Ella termino su infusión rápidamente y pregunto.
-¿Ya empezamos las lecciones?- pregunto,
entusiasmada.
- Claro –
Fueron unas dos horas difíciles para la moroi.
No logro, en un principio, reconocer ni una letra, a pesar de que el vampiro le
explicaba que sonido significan cada
una.
Pero, casi al terminar las dos horas, Gi logro,
con cierta dificultad, leer dos páginas.
-
¿Quisieras charlar conmigo a solas?-
inquirió el, con delicadeza.
-
Claro. Subamos a mi cuarto – respondió
tranquilamente ella, deseosa de averiguar si Marcus Bathory era un vampiro.
Subieron rápidamente.
Gi cerró la puerta. Hizo crecer sus colmillos.
Marcus hizo lo mismo.
-
Te dije que éramos parientes – rio él.
A continuación pregunto.
-
¿Quién te convirtió? ¿Conoces a
otros como nosotros?
-
Nadie me mordió. Desperté sin
memoria en un campo, ya moroi. De eso ya pasaron 40 años. ¿Y tú? ¿Quién te hizo
así? ¿Tu madre?-
-
Ella no es mi madre. Nunca lo fue.
Es una historia horrible, pero si, tienes razón, ella es un vampiro.
-
Aun no contestas mi pregunta –
incito Giselle.
-
Nadie me mordió a mí tampoco –
Giselle reflexiono unos minutos y soltó.
-
Quizás nacemos siendo vampiros. He
oído algunas historias así. ¿Quisieras viajar conmigo para conocer a más de los
nuestros?-
Marcus no lo pensó dos veces.
-
Sera un placer –
Elsa suspiro y continúo recogiendo leña para la
chimenea.
Desde hace un mes vivía sola, en ese bosque y en
esa gran cabaña.
“¿Dónde está la joven alegre y feliz que era?”
se preguntó, usando su velocidad y llegando a su hogar en cuestión de segundos.
En ese mes se refugió en la música, libros y en
el arte
Tristemente, en la autocompasión.
“Si Richard supiera que ahora no se si estoy
mejor o peor sin el”
.Se estaba deprimiendo, se sentía cada vez más y solo seguía viviendo por su amor al saber.
-
No tengo nada por que vivir que esto
– dijo en voz alta señalando los cuadros, las esculturas y los libros en las
paredes.
-
¡Eso me fruta! – grito.
No no no.
Richard bebía la sangre de una de sus amantes,
mientras la penetraba con fuerza.
Gritos de dolor y placer mezclados. Para el,
solo placer. Físico.
Ella dejo de gritar su nombre en medio del
coito.
-
Vete, será hasta mañana - ordeno Richard.
-
Pero , señor , yo esperaba que usted
me dejara…dormir aquí-
-
Esta loca. Se nota que eres nueva aquí.
Vete y no insistas. No quiero quejas y créeme , no querrás verme enojado-
-
Sí , señor –
La joven se vistió, debilitada por la pérdida de
sangre. Se fue y cerró la puerta.
Richard se detuvo a pensar en Elsa. Paso un mes.
Ella no volvió.
“Eso es bueno. Dondequiera que este, estará
bien”
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